Blog

Adicción al sexo

Este pasado 13 de febrero, participé con el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), en la redacción de un artículo sobre la Adicción al Sexo.

A continuación abordo el tema, de un modo más extendido. Con el fin de poder entenderlo y abordarlo.

La adicción al sexo, es una de las muchas dificultades que encontramos en la consulta psicológica y que se caracteriza por la necesidad compulsiva de tener relaciones sexuales. Conllevando una pérdida de control y una fuerte dependencia psicológica.

Si bien es cierto que en el DSM-IV o en la CIE-10 este trastorno no está incluido como tal, lo podríamos clasificar dentro de la categoría diagnóstica de “trastornos del control de impulsos no clasificados en otros apartados”.

Y es que, tal y como el juego patológico y otras socioadicciones, la adicción al sexo tiene los componentes de cualquier otro trastorno adictivo: la pérdida de control y la dependencia.

Es importante recalcar que no existen criterios aceptados respecto a lo que se define como un comportamiento sexual “normal” y/o “aceptable”.

Lo que diferencia un deseo sexual “elevado” a una adicción sexual, es principalmente:

  1. -La falta de control y el grado de malestar e interferencia con la vida cotidiana
  2. -Y que, el objetivo real e inmediato de la adicción no es tanto la obtención de placer (como sucedería en la sexualidad “sana”), sino en la reducción del malestar.

Por lo tanto, en la adicción al sexo, la persona no busca tanto obtener placer, sino huir de los sentimientos negativos (soledad, ansiedad, malestar, aburrimiento, etc.). Y en definitiva, controlar su estado de ánimo a través de la obtención del placer inmediato.

Todo esto, es común al resto de adicciones, por lo que el procedimiento terapéutico en la consulta psicológica iría en la misma línea. Y tendría como objetivos principales:

  • Comprender el funcionamiento y los mecanismos de la adicción.
  • Entender qué función cumple la adicción en la vida del paciente, como “conducta evitativa” .
  • Trabajar el control de impulsos y la reducción la conducta compulsiva, mediante estrategias de relajación y exposición.
  • Aprender a gestionar las emociones negativas (frustración, miedo, vergüenza, culpa, etc.).
  • Reforzar y trabajar los valores y objetivos de la persona, en las otras áreas “olvidadas” de su vida.
  • Fomentar la introspección, la independencia emocional, la toma de decisiones y resolución de problemas, entre otros aspectos. Fomentando así, la autoestima y la autorealización personal.

Raquel Ballesteros, 2010@ www.vivirconilusion.com

-->