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Vivir el presente (II) Aprender a concentrarnos y “fluir”

Este segundo artículo dedicado a “vivir el presente”, es una ampliación del primer artículo que ya publiqué en este blog “Vivir el presente (I)”. Y en el que introduciré también aspectos relacionados con nuestra capacidad para concentrarnos y fluir, así como algunos consejos prácticos para empezar a entrenar.

Y es que como ya comentamos en él, vivir el presente implica dejar la mente de lado, ponerla a descansar un rato y experimentar todo lo que nos rodea y envuelve. Tener esta capacidad para “desconectar de nuestra mente”, nos permite vivir de manera más libre, más intuitiva, más concentrada, más feliz (tal y como los animales en su hábitat natural).

Sin embargo, en esta cultura del pensamiento nos han educado para ser precavidos, para “elegir de manera consciente y reflexiva”, para pensar antes de actuar. Y hemos terminado subestimado el gran papel que tienen nuestras emociones y nuestra intuición a la hora de tomar decisiones y avanzar.

Y es que pensar de manera eficaz y productiva, nos puede llevar a discernir la causa de un problema, a valorar las posibles alternativas, pero únicamente con la experimentación y la práctica podremos saber con certeza absoluta si nos hemos equivocado o no.

Como todo en esta vida, todo es cuestión de encontrar un equilibrio entre la acción y el pensamiento. Sin embargo, a menudo permanecemos demasiado tiempo envueltos en preocupaciones, bloqueados y con miedo a experimentar o actuar.

La capacidad de concentración

Aprender a vivir el presente tiene que ver también, con nuestra capacidad de concentración.Quien aprende a desconectar, entrena su mente a focalizar la atención en una sola cosa, preocupación o tarea.

La tendencia a dispersarnos, a estar “pensando” en varias cosas a la vez,  a querer abarcar demasiado, está directamente relacionada con nuestra incapacidad para priorizar y centrar nuestra atención en el momento presente, en lo que estamos haciendo o en lo que nos hemos “propuesto” hacer.

Se puede aprender a vivir el presente. Es un proceso de aprendizaje que podemos ir entrenando a lo largo de nuestra vida.

Cuando nos concentramos en algo y permanecemos inmersos en una tarea, nuestras emociones están cien por cien alineadas con aquello. Nos volvemos más hábiles y eficaces, el tiempo se detiene y realmente gozamos.

¿Quién no se ha visto absorto alguna vez en algo, habiendo perdido por completo la noción del entorno, de lo que le rodea? 

 Es lo que el psicólogo húngaro Mihály Csíkszentmihályi llamaba Flow (Fluír):

“Fluir es un estado mental en el que la persona está plenamente inmersa en una actividad, en un estado de plena concentración e implicación total. Un estado óptimo donde las emociones son aplicadas a llevar a cabo una tarea, o un aprendizaje”

Tener más momentos de nuestra vida en los que “fluyamos” o nos concentremos, enriquecerá nuestras experiencias del día a día y nuestra vida en general.

En este artículo hago algunas sugerencias para empezar a vivir el presente, que espero que os resulten útiles para empezar. Sin embargo antes, es importante que detectemos, cuáles son aquellos “obstáculos” que nos dificultan vivir en el presente. Enumero algunos de ellos, a continuación.

¿Qué cosas nos dificultan vivir en el presente o concentrarnos en lo que queremos hacer?

1.- Pensamientos improductivos, relacionados con:

  • Preocupaciones pasadas o futuras (Cosas que hicimos o que dejamos de hacer, o cosas que “tememos” que sucedan).
  • Quejas
  • Juicio, autocrítica y exigencias “poco realistas”
  • Mala gestión del tiempo.
  • Excesiva atención a las exigencias externas (lo que quieren los demás de mí, lo que “debería” hacer)
  • Dificultad en las habilidades sociales. En concreto no saber decir que No, permitirme mi espacio y poner límites)
  • Falta de propósito y dirección en la vida: Difícilmente podremos concentrarnos y disfrutar del camino, si no sabemos hacia dónde vamos o nuestro camino nos “disgusta”.

 Sugerencias para entrenar la concentración en el presente

  1. Respirar y sentir nuestras emociones: Parece obvio, pero ¿cuántas veces paramos y respiramos antes de actuar? ¿Cuántas veces nos detenemos a escuchar nuestras  emociones, a sentirlas y a prestarles atención? Cuando estamos confundidos, ansiosos, tristes, enfadados ¿cuántas veces desviamos nuestra atención en otras cosas como ver la tele, fumar, comer, comprar, conectarnos a Internet? ¿Cuántas veces hacemos todo lo posible para no permanecer ni un minuto, sintiéndonos “mal”?
  2. Aprender a parar: A menudo vivimos, como si estuviéramos metidos dentro de una lavadora. Nos dejamos llevar por todo lo que nos va sucediendo y somos incapaces de observar la situación “desde fuera” y parar a “poner orden”.Si no aprendemos a parar y tomar conciencia de nuestro cuerpo, mente y emociones, a exponernos abiertamente a lo que nos sucede, difícilmente podremos empezar a vivir el presente y actuar de manera coherente con nuestras emociones.
  3. Percibir lo que nos rodea: Prestar atención a lo que sucede ahí fuera, más que lo que sucede en “nuestra cabeza”.Entrenar esta capacidad, nos vuelve más proactivos y nos permite concentrarnos en el presente en lugar de nuestras preocupaciones. Esto lo podemos entrenar de muchos modos. En los momentos por ejemplo en los que estamos haciendo trayectos hacia el trabajo o andando, haciendo deporte, tomando un café o incluso fregando platos, podemos centrar nuestra atención en el exterior, observar a la gente, oír nuestro entorno, oler los aromas, percibir el aire que respiramos, dejarnos envolver por todos los estímulos que aparezcan.
  4. Aceptar los pensamientos negativos y los aspectos que no nos gustan de nosotros mismos. Alcanzaremos mayor capacidad para relajarnos y vivir el presente, si aceptamos que hay partes de nuestra vida que no controlamos. Si nos permitimos aceptar las emociones y pensamientos negativos y nos atrevemos a actuar y a seguir adelante, aún no siendo “perfectos”.
  5. Apuntarnos a cualquier tarea que nos apasione y que requiera de nuestra concentración plena. Las tareas plásticas, las artes marciales, el teatro, la danza, la música, son tareas que requieren de la mayor parte de nuestros sentidos para poderse llevar a cabo. Percibir nuestro entorno y concentrarnos en el momento, es más fácil y lo conseguimos más fácilmente, cuando estamos en la naturaleza o escuchamos música o vemos una película. Pero también podemos llevar esta manera de vivir a otras áreas de nuestra vida cotidiana y a aprender a concentrarnos en las “cosas y tareas del día a día”.
  6. Cortar las relaciones “tóxicas” y dejar de hacer cosas que no queremos. Centrar la atención en nuestras ilusiones de vida. Dedicar más tiempo a nuestras ilusiones que a las “obligaciones”, imposiciones o exigencias, tanto internas como externas.
Es evidente que nos resultará más sencillo concentrarnos y “fluir” si llevamos un estilo de vida que nos apasiona.
Raquel Ballesteros, 2010 © www.vivirconilusion.com
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