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Virus del Papiloma, salud sexual y emociones

GINECOLOGIA

Ovarios poliquísticos, endometriosis, candidiasis, miomas uterinos, papiloma….No conozco prácticamente a ninguna mujer que no haya padecido o padezca alguna “enfermedad” ginecológica en algún momento de su vida, a menudo de manera recurrente. Personalmente hace aproximadamente dos años me detectaron el VPH (Virus del Papiloma Humano).

En este artículo hablaré de la salud sexual (en general) y especialmente del VPH en la mujer, dado que conozco múltiples casos de pacientes, amigas y/o conocidas que lo han padecido y que como yo, en un inicio han sentido vergüenza, culpa, miedo o impotencia basada en la falta de información (la mayoría de veces “alarmante información”) o el desconocimiento. Y es que el VPH es un virus, como el de la varicela, más común de lo que pensamos que se transmite por contacto (no siempre de mucosas por lo que puede tocarnos aunque usemos protección) y que como toda enfermedad sucede cuando las defensas bajan y también cuando existen las condiciones necesarias para que se de.

Antiguamente cuando había sospecha que podía existir un riesgo de cáncer o se detectaban células anormales, a la mujer se la “vaciaba”, se le extirpaba el útero para evitar problemas. Hoy en día tenemos más opciones que nuestras madres o abuelas, existen técnicas de detección temprana y podemos incidir en nuestra salud sexual y emocional más de lo que pensamos.

Es por ello que invito a reflexionar sobre cuáles son las raíces del problema, qué se esconde tras esos síntomas, qué heridas sexuales y emocionales guardamos en nuestro útero que se manifiestan en algún momento dado, cómo tratamos nuestro cuerpo, nos respetamos y nos hacemos respetar.

Pequeñas reseñas médicas:

Sin ánimo de substituir ningún conocimiento médico, dado que no es mi especialidad, simplemente hago reseña de toda la información aprendida de estos profesionales y acumulada durante este tiempo. El Virus del Papiloma Humano hace referencia en realidad a distintos tipos de virus que se engloban dentro de esta categoría y que se transmiten piel a piel de manera bastante común. En este artículo hago referencia sobretodo a la transmisión del VPH vaginal pero este puede presentarse en otras zonas del cuerpo.

Las lesiones del VPH pueden extirparse pero no debemos olvidar que el Virus sigue y es eso lo que tenemos que tratar para que no vuelva a manifestarse. De esto en ocasiones algunos/as profesionales se olvidan.

La mayoría de las personas que se contagian con VPH no tienen síntomas y suelen sentirse bien, por lo que generalmente ni siquiera saben que están infectadas. Esto sucede sobretodo a los hombres, que raramente pueden presentar verruguitas en la zona genital, periné, ingles o ano. Son portadores pero no desarrollan ninguna señal.

Sexualidad, salud y emociones

Y yendo más a fondo y haciendo alusión a las Leyes Biológicas de la Enfermedad del Dr. Hamer ¿Qué nos puede estar diciendo el VPH o cualquier otra enfermedad que afecte a nuestras vaginas, nuestros órganos sexuales y nuestra capacidad reproductiva? ¿En qué momento se dispara? ¿Existen acontecimientos más o menos cercanos que la justifiquen?

Personalmente pienso que vivimos a ritmo frenético, desconectadas/os de nuestros tiempos, de nuestros ciclos, tratando de adaptarnos a un ritmo y a una sociedad basada en objetivos y la productividad, que no está en sintonía con la naturaleza cíclica de la mujer. Tampoco con las necesidades fisiológicas de descanso y cuidado de los hombres, sin duda alguna.

Por otro lado, estamos condicionadas/os por unos modelos y estereotipos sexuales que han cambiado radicalmente en los últimos 50 años y a los que nos hemos tratado de adaptar a marchas forzadas, pero que lamentablemente en ocasiones no se adaptan a nuestras necesidades o circunstancias. ¿Como podemos sentir cuáles son nuestras necesidades si no nos permitimos parar?

En el caso de las mujeres, medios, publicidad y sociedad nos invita a ser seductoras, efectivas, multiorgásmicas, liberadas, emprendedoras, modernas, cuando en gran parte de los casos tenemos modelos de mujeres (abuelas o madres) que han sido víctimas de abusos, agresión o sumisión patriarcal. Y todo esto, nuestros cuerpos lo saben.

Sin duda tenemos derecho y a menudo necesitamos experimentar y vivir la sexualidad con todos sus matices, pero mi experiencia y la de muchas de las mujeres con las que he tratado (también hombres) me dice que condicionados por un pasado de poca o escasa información sexual, tabús y/o heridas emocionales, generalmente necesitamos una cierta confianza y/o seguridad con el compañero/a de cama para realmente abrirnos, entregarnos y tener una experiencia realmente plena. Cuando no es así, en ocasiones recurrimos a los juegos de poder, el alcohol, las drogas o cualquier otro complemento o artificio para tapar nuestra vulnerabilidad y lograr satisfacción sexual inmediata. Un modo muy efímero y compulsivo de saciar los instintos.

Son numerosas las personas (mujeres y hombres) que llegan a mi consulta con dificultades sexuales, falta de deseo, miedos o tabús, deseo sexual hiperactivo, adicción sexual, insatisfacción sexual. Buscamos la satisfacción personal a través del otro/a (no solo con el sexo) y realmente las personas capaces de conectarse con su propio deseo, sus necesidades y responsabilizarse de su placer, son pocas.

Es por ello que para mí son inevitables estas preguntas:

  • ¿Qué sentido tiene esta enfermedad ahora en mí?
  • ¿Cómo vivo y cómo cuido mi sexualidad, mi cuerpo y mis límites?
  • ¿Cómo me relaciono con el placer en la vida, con mi cuerpo y mis necesidades fisiológicas de descanso, confort y protección?
  • ¿Siento vergüenza, miedo o culpa con algún aspecto referente a mis deseos y/o necesidades sexuales?
  • ¿Cómo me relaciono con mi feminidad, con el hecho de ser mujer? (o hombre)
  • ¿Qué mensajes he recibido acerca de la sexualidad y MI sexualidad?

Hay quien vive la sexualidad como un medio para evadir el malestar en otras áreas de vida, resolver conflictos o descargar tensiones. La usan de modo más compulsivo o inconsciente para saciar otras necesidades. Otras personas la temen, la evitan o la rechazan por la dificultad de poner límites o el desconocimiento de su propio placer.

No hay una manera correcta. El problema es que muchas veces no decidimos nosotras/os, sino nuestras emociones. Y si de algo nos puede servir la enfermedad, es para parar, pensar y observarlas.

La pasión, el juego e incluso la transgresión no están reñidos con la conciencia, la calma, la suavidad, el contacto y la intimidad con una/o mismo/a y con el otro/a.

Mi experiencia:

Finalmente en mi caso me sometí a una conización pero el tejido extraído salió completamente normal, dado que en el tiempo que pasó entre la última prueba y la pequeña intervención, ya estaba curada. Esperé dos años con tratamiento “alternativo” y mis citologías fueron mejorando, pero finalmente el miedo, la presión de mi ginecólogo y el hecho que estaba pasando por un momento vital difícil con el fallecimiento de mi padre por cáncer, me hizo tomar la decisión de intervenir.

No me arrepiento de ello y en realidad en este caso la decisión (intervención o no) no es de vital importancia, dado que esta es muy sencilla, con pocos efectos secundarios y de rápida recuperación. Sin embargo, con ánimo de tranquilizar a las personas que pasan por esta situación, diré que existe la opción de esperar y de no dejarnos llevar por la urgencia, que es imperativo pensar y decidir por una misma y que estamos en derecho de solicitar revisiones periódicas ya que en muchos casos el virus desaparece con cuidado, descanso y tratamiento.

La curación está más en nuestras manos que lo que pensamos.

A continuación pongo a las personas y/o centros que más me han ayudado en este proceso para aquellas mujeres que deseen encontrar alternativas fiables y efectivas:

www.urvashibailo.com/

www.espaiale.cat

www.manantial-salud.com/espacio-de-salud-esma/

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